Sirena Varada

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Sabía que debía haber algún sitio desde el que hacer fotos a Toledo bajo la luz de la tarde de verano. Así que me monté en el coche y empecé a subir las colinas que bordean el Tajo. Tras pocos kilómetros encontré el mirador. También la encontré a ella.

Estaba sola, descalza, con la mirada perdida en las lejanas callejuelas y una expresión de pena infinita. Tal vez estaba esperando a alguien que no llegó, tal vez sabía que ese alguien no iría con ella al mirador nunca más. Tal vez, simplemente, a veces estamos tristes y no sabemos por qué.

No me atreví a perturbarla, y opté por robarle ese momento. Supongo que no se dió cuenta, tal vez no le importó, probablemente yo era el menor de sus problemas.

Dedicada a ti, Sirena, donde quiera que estés.