Los que entráis de vez en cuando a mi galería de Flickr sabréis que, desde hace poco tiempo, me he interesado en cierta medida por la fotografía química. Empecé con las cámaras lomo, luego me compré una Canon 300 y el último paso ha sido decidirme a probar las telemétricas.

Buscando información sobre estas últimas, empezó a cruzarse en mi camino una cámara -Olympus Trip 35- cuando menos curiosa: no es una telemétrica, sino una point and shoot aunque muy recomendada en los foros sobre cámaras antiguas ¿Por qué?

La Trip 35 fue fabricada por Olympus entre 1967 y 1984; se fabricaron nada menos que diez millones de unidades, con lo que no se puede decir que sea una rareza. La Trip 35 es metálica, tiene ajuste del enfoque por distancias, lleva montado un fotómetro de selenio
-lo que hace innecesario el uso de cualquier tipo de baterías- y su objetivo es un Zuiko 40 f/2.8.

Y es precisamente ese objetivo el que hace a la Trip tan especial: es extraordinariamente nítido, tanto que en un famoso artículo Ken Rockwell llega a compararla favorablemente frente a una Canon 5D con un 17-40 L. Para mí esa comparación es exagerada pero sí es cierto que, como mostraré, las fotos pueden llegar a ser muy nítidas.

Animado por los comentarios favorables en internet, empecé a buscar en eBay una a buen precio. Con diez millones de unidades fabricadas, os podéis imaginar que no es muy difícil hallar una en subasta. Los precios eran razonables, alrededor de los treinta-cuarenta euros, así que tenía el ojo puesto en algunas subastas, hasta que se me ocurrió meterme en Segunda Mano y descubrir que vendían una en Madrid por un precio algo inferior. Teniendo en cuenta que la mayoría de las subastas tenían origen en Inglaterra, la posibilidad de poder quedar con el vendedor y revisar la Trip yo mismo era demasiado tentadora. Tras algo de regateo, acordamos un precio de veinte euros y quedé con el vendedor, un señor de cincuenta y muchos años que hizo su aparición en una impresionante moto negra. Revisé la cámara, observé que tenía un poco de óxido en los bordes de la lente que pude limpiar sin ningún problema, conversamos amistosamente, le pagué y se alejó a lomos de su moto.

Lo primero que se aprecia de la Trip es su construcción. Supongo que es porque estamos acostumbrados a un mundo en que el plástico es el material predominante en la construcción de todo tipo de objetos, pero la sensación de la Trip, con su cuerpo y objetivo de metal, es la de durabilidad; pesa, y eso en una cámara pequeña es algo agradable, inspira confianza. Ergonómicamente puede que la ausencia de una empuñadura sea un problema para personas de cierta envergadura, pero a los que tenemos manos pequeñas nos viene como anillo al dedo; se puede sujetar con las dos manos perfectamente, sin interferir con ninguno de los elementos de la cámara.

La cámara tiene tres anillos en el objetivo; el más lejano permite establecer el valor ASA del carrete, desde 25 a 400 ISO. El intermedio establece la distancia de enfoque, con cuatro iconos en la parte superior y dos escalas de distancia en la parte inferior del anillo que permite enfocar a 1, 1.5, 3 m e infinito. El anillo interno es algo particular: permite seleccionar la exposición en modo A -automático- o apertura entre f/2.8 y f/22 pero ¡atención! no estamos ante una cámara semiautomática, puesto que la selección de apertura se utiliza sólo en caso de que se use el flash como modo de compensarlo de acuerdo a las instrucciones de cada carrete (sí, eso que ya no viene en ninguna caja)

Hay que decir que la Trip sólo tiene dos velocidades de exposición, 1/40 y 1/200, que la cámara selecciona automáticamente en función de las condiciones de luz. Incluso en el caso de que selecciones una apertura, si el fotómetro indica sobreexposición, hará que la apertura usada sea menor, con lo que disparar en algo que no sea automático se convierte en un verdadero enigma. Por otro lado, apretando el disparador hasta la mitad, la cámara bloquea la exposición, por lo que en mi opinión existe un margen de maniobra para realizar fotografía creativa. Y una última cosa: si el fotómetro detecta que no hay suficiente luz, una icónica banda roja aparecerá en la ventanilla y la cámara simplemente se negará a disparar. De todos modos eso es fácilmente solucionable midiendo la luz en una zona iluminada, bloqueando la exposición y reencuadrando hasta conseguir tu magnífica foto borrosa (?)

Con la cámara en mis manos, cargué un rollo de Lomography color 400 -la película que uso en mis cámaras lomo- y la saqué a la calle un par de días. A continuación os muestro unos ejemplos:

En mi opinión el fotómetro hace un buen trabajo, no he encontrado fotos subexpuestas ni sobreexpuestas, los colores son vivos y agradables. Pero lo que terminó de enamorarme de la Trip fueron las fotos que tomé en el interior del Mercado de San Miguel:

Es increíble que una pequeña cámara automática de hace cuarenta años obtenga unas imágenes tan bien expuestas simplemente utilizando un carrete de ASA 400; quisiera pensar que enseña una pequeña lección a todas las SLR de última generación que necesitan tirar a ISO 2000 para obtener algo similar.

¿Mi recomendación? Si encontrais una Trip 35 por casualidad, no la dejéis escapar; me parece una cámara capaz de dar muchas alegrias hasta a los aficionados más exigentes