La fotografía química es cara” “No tienes una segunda oportunidad para una foto” “Ya no revelan en ninguna parte“. Esas son algunas de las objeciones del aficionado medio a la hora de enfrentarse con la fotografía química. Os contaré mi experiencia personal para que veáis que no todas ellas son correctas, y algunas ni siquiera son negativas en sí mismas.

Debo confesar que no me inicié en la fotografía química de un modo consciente. Yo, como tantos otros, soy hijo de la fotografía digital y con ella aprendí a fotografiar. De hecho mi primera cámara de película -si exceptuamos una Actionsampler que apenas he usado- fue una Canon EOS 300 auto regalada hace poco más de dos años. Recuerdo que disparé un carrete y lo llevé a una tienda de barrio; tardaron más de una semana en devolverme las muy mediocres copias y la broma me salió por unos quince euros. Parecía que me había topado con los tres peros de la fotografía química: cara, lenta y decepcionante.

La segunda pieza del puzzle que completaría mi romance con la película llegó a través de mi infancia. Mi padre siempre ha usado cámara de fotos, aunque no de modo profesional ni con intereses más allá de capturar nuestros momentos. En el sótano de su casa tiene literalmente cientos de diapositivas y fotos de nuestra infancia y juventud, todo un registro vital del que mucha gente carece y por el cual le estoy muy agradecido. Siempre he vivido con el temor a que esas fotografías se lleguen a perder, por lo que en un momento determinado decidí comprar un escáner de negativos con el objetivo de salvaguardar en digital todos esos recuerdos. Al principio pensé en comprar uno de los escáneres de negativos específicos que se pueden encontrar por menos de 80 euros, pero al final me decidí por un Epson Perfection V350 por una razón en particular: tiene una ventana de carga de negativos, con lo cual evito usar las farragosas máscaras de escaneado.

Antes de pedirle a mi padre sus diapositivas, decidí probar el escáner con los negativos de las fotos que había tomado con la EOS 300. Mi sorpresa fue mayúscula cuando descubrí que, incluso utilizando el software de escaneado en modo automático, las copias eran muchísimo mejores que aquellas en papel que me habían entregado en la tienda. Para mí se había terminado escanear desde la copia en papel.

Dado que ya no necesitaba copias, el siguiente paso lógico era buscar el mejor precio para un revelado sencillo. La tienda en la que había hecho mis primeros revelados no me satisfacía en absoluto por precio, tiempo y calidad, así que fui a otra que también estaba relativamente cerca de casa, aunque no había utilizado sus servicios jamás. Cuando pregunté  cuánto costaba un revelado sin copias, los empleados se miraron uno a otro como si les hubiese pedido un kilo de tomates, y uno de ellos dijo “no sé… ¿tres euros?” Contuve una sonrisa mientras les preguntaba cuándo tendría el carrete revelado, y me contestaron “si lo traes antes de la una de la tarde, mañana lo tienes listo” ¡Había encontrado el Shangri-La de las tiendas de fotografía de barrio! Huelga decir que desde entonces he revelado la gran mayoría de mis carretes con ellos, recibiendo siempre un servicio y atención exquisitos.

El resto vino rodado: cuánto más disparas con película, más te acostumbras a tomar una imagen en lugar de seis y te empiezan a gustar más fotos de cada rollo; empiezas a dominar el escaneado y a tratarlo como un procesado -algo fundamental en mi opinión; le pierdes el miedo a esa sensación de estar tirando dinero… Puedo decir que en los últimos meses el 80% de mis fotos han sido con cámaras de película, y cada vez estoy más enganchado.

Por último, unos cuantos consejos para iniciarse en la fotografía química. Todos son extraídos de mi experiencia como fotógrafo aficionado, así que no los toméis como Tablas de la Ley, sino sencillamente como lo que me ha funcionado a mí:

  • Empieza con la fotografía química cuando ya estés acostumbrado a la digital. Aprender fotografía directamente con película -en la que no puedes ver el resultado de tus decisiones en el momento- puede ser caro y frustrante.
  • Busca el lugar más  barato para revelar, siempre que mantenga una calidad mínima. Dado que no vas a pedir copias, el número de variables a la hora de elegir el servicio se reduce.
  • Cómprate un escáner de negativos, lo vas a tener amortizado con los diez primeros carretes. Si es posible, que admita medio formato además de 35mm y diapositivas.
  • Aprende a escanear. Para mí, el escaneado es igual de importante que el revelado RAW en digital. Trabaja los niveles, aclara las sombras, reduce la sobreexposición… pronto te darás cuenta de que no es muy distinto a usar Lightroom o similares, y tiene la misma importancia.

Estos cuatro puntos han sido fundamentales para que empezase a disfrutar de la fotografía química. Por supuesto no he abandonado la digital, y sigo disfrutando con ella igual que antes, pero la película ha abierto campos y desafíos muy satisfactorios para mí. Espero que, tras leer esta entrada, a ti te acabe sucediendo lo mismo.