No soy un fanático de los robados. Bueno, en realidad sí lo soy, pero no suelo hacerlos. Siempre me ha gustado la fotografía social -de robados, callejera, como queráis llamarla- pero me ha faltado el coraje para acercarme a un desconocido a un metro de distancia y apretar el gatillo. Claro que, como veremos en su momento, tal vez no sólo no me atreva sino que legalmente no pueda.

La fotografía callejera, particularmente en su versión de robados, es una de las disciplinas más populares entre los aficionados; si no lo creéis, probad a buscar las palabras “candid & street photography” en Flickr y contad la cantidad de grupos que obedecen a esa descripción. Tampoco hay grupo o foro de internet que se precie y no tenga un hilo dedicado a los mejores robados ¿Por qué es tan popular?

En mi opinión tiene mucho que ver con “el momento decisivo” de Cartier-Bresson. Queremos fijar algo que es mutable, y nada lo es más que el ser humano. Las personas reaccionan a los cambios de una manera mucho más visible que los objetos, y esa interacción -esa etnología callejera-  con el entorno nos fascina. También nos atrae lo extraño, lo diferente y ¿qué puede parecernos más extraño que una persona que no es como nosotros? Cada persona se considera el paradigma de la normalidad, del ser humano y por lo tanto todo aquel que se aleja del dogma propio es extraño y en consecuencia digno de inmortalizar. Por supuesto también nos atraen temas más comunes: la belleza, los sentimientos, la acción.

¿Es moral hacer un robado? La moralidad de las acciones no deja de ser un grupo de convenciones que establece cada sociedad, y dentro de ella cada individuo. Mi moral respecto a la fotografía es ponerme en la piel de otra persona. No me importa ser el protagonista involuntario de un robado, pero no me gustaría que un desconocido hiciese fotos a mis hijos; por lo tanto, los robados que publico son exclusivamente de adultos. Tampoco me gusta fotografiar a personas que sufren, por lo que los mendigos y enfermos quedan fuera de mi ámbito de fotografía, salvo que la foto tenga una función especifica, como la denuncia social. Obviamente hay fotos muy emotivas de enfermos, ancianos, niños… y su visión me conmueve, no lo censuro en absoluto, pero personalmente trato de evitarlo.

¿Es legal hacer un robado? Pues, en pocas palabras, no. La Ley orgánica 1/1982 de Protección Civil del Derecho al Honor, a la Intimidad Personal y Familiar y a la Propia Imagen especifica que será considerada intromisión ilegítima “La captación, reproducción o publicación por fotografía, filme, o cualquier otro procedimiento, de la imagen de una persona en lugares o momentos de su vida privada o fuera de ellos” excepto en casos muy determinados. La ley es de hace treinta años nada menos y, por lo tanto, pensada para unos tiempos y condiciones muy distintas, pero es la vigente. Dura lex, sed lex.

En honor a la verdad, no conozco un solo caso en que un fotógrafo amateur haya sido conminado a retirar un robado de un servicio público, y mucho menos que haya sido denunciado, pero eso no significa que no sea posible. Por otro lado ¿cuántas fotografías históricas y hermosas nos hubiésemos perdido simplemente porque estaba prohibido tomarlas?

Yo voy a seguir haciendo robados cada vez que considere que hay una buena foto pidiendo ser realizada pero sin olvidar que, al apretar el disparador, estoy haciendo mucho más que una foto.