En la primera parte de esta historia de amor fotográfico decidí adquirir una cámara telemétrica de segunda mano para adentrarme en uno de los campos que no había probado con anterioridad. Ante mí tenía una cámara de funcionamiento desconocido y grandes expectativas ¿Se cumplirían? Para responder en una palabra, no.

Con la cámara en el bolsillo -del abrigo, porque el tamaño no permite menos- aproveché un par de tardes para disparar un carrete y en diversas condiciones de luz. El proceso de toma de fotografías con una cámara de este estilo necesita un ritmo muy diferente al de otras; al carecer de fotómetro, el primer paso era medir la luz con una aplicación de fotómetro para el iPhone o usar la regla Sunny 16. A continuación debía asegurarme de que la película estaba pasada -recordad que si se modifica la velocidad sin realizar ese paso antes la cámara puede dañarse- y establecer los parámetros de apertura y tiempo de exposición. El último paso era enfocar la zona de interés haciendo coincidir una doble exposición en la ventana de visualización, que es el sistema típico de las telemétricas.

Así pues, terminé el carrete, empecé a rebobinarlo y… lo partí. A pesar de que consideraba que había leído las instrucciones lo suficiente, había pasado por alto la explicación detallada del rebobinado, que indicaba que era necesario girar y apretar la rueda que rodea al botón de disparo. Primera decepción, carrete nuevo y prueba.

En el segundo intento, aproveché para usar un carrete de 100 ASA en lugar del de 400 ASA que había probado anteriormente. Hay un problema con la FED 3, y es que su mínimo tiempo de exposición es 1/500, con lo que para hacer fotos a pleno día con un carrete de 400 ASA se necesita disparar a f/16. Por otro lado, la película de 100 ASA hace que en muchas ocasiones haya que disparar con tiempos demasiado lentos. Mi impresión es que 200 ASA debería dar el balance adecuado.

Como iba contando, hice una segunda prueba, asegurándome de rebobinar el carrete adecuadamente. Llevé el negativo a mi tienda de confianza y dos días después tenía el revelado entre mis manos…

Sí, decepción absoluta. Todas las fotos estaban quemadas en el centro. Revisando la cámara a la luz, me di cuenta de que la cortina de obturación estaba parcialmente gastada, algo no apreciable a simple vista pero que provocaba una entrada de luz catastrófica.

Inmediatamente me puse en contacto con el vendedor, el cual procedió a devolverme el importe total de la compra. Como no me resignaba a que la FED se convirtiese en un objeto decorativo, empecé a buscar una solución. La idea era tapar la zona de entrada de luz, pero necesitaba algo fino y resistente, que no se despegase y empezase a “bailar” dentro de la cámara, y que no fuese demasiado grueso como para obstaculizar el movimiento de la cortina. Tras un par de pruebas, la cinta americana se reveló como el mejor método posible.

Tras asegurarme de que no entraba luz -o eso creía- me lancé una vez más a la calle para probar la cámara. Podéis ver los resultados en las siguientes imágenes:

Como se puede observar, el problema se ha atenuado pero no eliminado totalmente. Además hay otro problema asociado a la velocidad de cierre de la cortinilla, como se observa en la parte derecha de las imágenes, mucho más oscura que el resto de la foto.

Llegado a este punto, comprendí que mi amor no era correspondido y, como Rick Blaine, tuve que renunciar a ella. Tal vez algún día sustituya la cinta americana por algo más fino y opaco, o tal vez la deje así y la use como cámara lomo pero, por ahora, mis experimentos con la FED 3 han terminado.

En cualquier caso el resultado no es del todo negativo. La cámara me ha salido gratis (si no tengo en cuenta los tres carretes que he gastado y revelado, ejem…) y he podido probar una telemétrica, algo que tenía ganas de hacer desde hace tiempo. De hecho me ha parecido un mundo interesante y no descarto volver a pujar por una telemétrica, ya con el conocimiento de lo que puedo esperar y cómo usarla. Eso sí, en el recuerdo estará siempre mi primer amor.