Como sabréis aquellos que seguís mi blog con regularidad, el sector de las cámaras telemétricas era algo que llevaba deseando probar desde hace tiempo. Tras el fiasco de la Fed 3, mi búsqueda se orientó hacia alguna cámara que me pudiese dar más confianza en su calidad. Leyendo en varias web sobre telemétricas, un (largo) nombre empezó a repetirse: Canon Canonet G-III QL 17.

Sabía que conseguir esta cámara no iba a ser fácil, fundamentalmente porque yo sigo la política de pagar treinta euros como máximo por cámaras de segunda mano, incluido el transporte, y la QL17 suele andar bastante por encima de ese precio.

Por ello, tras seguir unas cuantas subastas, conseguí encontrar mi chollo: una QL17 que se vendía en España y tenía un precio de partida muy bajo. El problema era que el vendedor especificaba claramente que no sabía si la cámara funcionaba. Valoré el riesgo y pensé que treinta euros no era demasiado para tentar a la suerte. Por lo tanto pujé y conseguí llevármela por algo menos de los treinta famosos. Para no alargar el suspense, debo decir que tiré un carrete con ella y salió perfecto. Punto para mí.

La QL17 es una de las últimas telemétricas que fabricó Canon durante los 60 y 70 y tiene ese estilo antiguo y metálico que tanto nos gusta a los aficionados. El objetivo es un 40mm con aperturas entre f/1.7 y f/16; una de las cosas que me encantan de las telemétricas de la época es que prácticamente todas tienen unos objetivos increíblemente luminosos y nítidos. Para mí, que he empezado en el mundo SLR digital, tener al alcance una lente de este tipo por treinta euros sigue pareciéndome algo mágico. La velocidad de obturación, por su parte, varía entre 1/4 y 1/500 -el mayor inconveniente en la mayoría de cámaras antiguas- y también tiene modo bulb.

La cámara funciona en dos modos: manual completo sin fotómetro, en el cual se seleccionan la apertura y tiempo de exposición en los anillos correspondientes, y una especie de prioridad a la apertura con fotómetro, en el cual se puede ver a través de la ventana de enfoque una barra con las exposiciones y una aguja que varía según se cambie el tiempo de obturación. Debo decir que la ventana de enfoque es increiblemente luminosa y grande comparada con la de la FED; si a esto le añadimos que la QL17 tiene una palanca de enfoque en lugar de simplemente un anillo, su manejo es mucho más sencillo que el de la cámara ucraniana.

La QL17 usaba originalmente una pila de mercurio PX625 de 1.35v, que ya no se fabrica debido a su toxicidad. Su equivalente actual es la PX625A, pero tiene el problema de que su voltaje es 1.5v. En internet se pueden encontrar decenas, si no cientos, de páginas hablando sobre sustitutos, adaptadores, ajustes de exposición… Yo simplemente probé a medir la exposición de la QL17 y comparala con un fotómetro para el iPhone que utilicé con la FED; los valores de exposición eran prácticamente iguales y, además, la película permite un umbral de exposición mayor que el sensor digital, con lo que dejé de preocuparme con este tema.

Así pues, decidí tirar un carrete para probarla. Elegí un Lomography Color Negative de 100 ASA y aproveché la semana santa para hacerles unas cuantas fotos a la familia ¿Los resultados? Bastante buenos, aunque no llegan a los que da la Trip 35. A cambio tenemos la capacidad de trabajar con parámetros creativos, algo que no podemos hacer con la pequeña de Olympus.

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Las imágenes tienen ese aire “años 70” más suaves en mi opinión que las que se obtienen con las cámaras digitales. También es cierto que he disparado la mayoría de fotos lejos del punto dulce, casi siempre debido a que la luz del sol y el límite de 1/500 s me obligaban a tirar a f/11 o f/16.

Una cosa que me gusta bastante es el desenfoque que tiene, tanto a aperturas medianas como grandes.

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Si hay algo a vigilar es la sobreexposición; debido también a ese límite de tiempo de exposición, la cámara puede sobreexponer en fotos a pleno día, como en la siguiente. Supongo que valdría la pena probar con un carrete de 50 ASA.

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Y, por supuesto, donde sacamos todo el jugo de la QL17 es en condiciones de baja luminosidad, que es donde el objetivo se “luce”. 

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En resumen, una cámara bastante interesante y que sospecho mostrará su potencial verdadero en retratos y desenfoques extremos. Tiraré unos cuantos carretes más y tal vez haya segunda parte de este artículo. Por ahora, una compra muy satisfactoria.