Cuando hace treinta años te comprabas una cámara de fotos, podías mejorarla añadiendo nuevos objetivos, flashes, filtros… pero la cámara seguía siendo la misma por mucho tiempo que pasase. Es interesante mirar a mi Fed 3 y pensar que, mientras que el país en el que se la compró su dueño original ha desaparecido junto con la ideología que lo sustentaba, mi Fed sigue haciendo fotos más o menos de la misma manera que hace cuarenta años.

Todo esto viene a cuento de la noticia con la que Canon nos sorprendió hace unas semanas: la compañía oriental ha decidido liberar la versión 2.o del firmware para la Canon 7D, uno de cuyos orgullosos propietarios es quien suscribe. Esta actualización no es la típica que resuelve errores de software, sino que afecta directamente al funcionamiento diario de la cámara; permite, por ejemplo, pasar de 15 fotos seguidas en disparo continuo a 25, amén de mejoras en la grabación de audio o la posibilidad de editar fotografías en la propia cámara.

Por otro lado, he estado probando estos días un software de cámara fotográfica para iOS llamado 645 PRO. Esa aplicación llegó envuelta de cierta polémica porque se decía que podía grabar las fotos en formato RAW, que al final se ha quedado en un TIFF sin compresión. Aún así, por primera vez tenemos la posibilidad de tomar fotos en nuestro iPhone en un formato no comprimido, con las ventajas que esto conlleva. De repente, con el mismo hardware podemos obtener resultados de mucha mayor calidad simplemente cambiando el software.

Estos dos ejemplos me llevan a hacerme algunas preguntas ¿le sacamos todo el partido a nuestros gadgets? ¿Cuántas máquinas acaban su vida útil y son retiradas del mercado -reemplazadas generalmente por otro modelo- sin que se haya decidido exprimir sus posibilidades hasta el límite? ¿Es culpa de los fabricantes por preferir vendernos una nueva máquina en lugar de intentar sacar el máximo rendimiento de la actual, o somos nosotros los que nos tapamos los ojos para así poder sustituir nuestra cámara, nuestro móvil o cualquier otro gadget por uno más nuevo y así seguir en la cresta de la ola?

 

Durante varios años mi hermano y yo tuvimos un ordenador Spectrum con el que disfrutamos de cientos de juegos. Lo que más vívidamente recuerdo es la enorme diferencia en complejidad y sofisticación entre los primeros juegos de Spectrum y los últimos a los que jugamos. Sin embargo, todos corrían sobre la misma máquina, porque era impensable en aquella época cambiar de ordenador cada dos años. Podía mejorar el software, y se hacía a pasos agigantados. Tal vez deberíamos plantarnos y dejar claro a los fabricantes que no vamos a cambiar de modelo simplemente porque sí, que sabemos que se puede mejorar el que tenemos y que queremos que así sea. Aunque, tal vez, primero deberíamos dejarnos claro este punto a nosotros mismos, y tal vez esa tarea sea la más titánica.