Zapatero a tus zapatos

Mi primer contacto con la casa Polaroid fue a través de una querida amiga que me regaló una 600. Era 2008, la película instantánea daba sus últimos estertores y sólo pude disparar unos cuantos cartuchos antes de tener que dejarla en un estante. La semana pasada leí que Polaroid anunciaba una nueva cámara… digital de objetivos intercambiables, y yo me pregunto ¿para qué?

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Me encantaba hacer fotos con mi Polaroid: era la magia, la incertidumbre de la película combinada con la inmediatez de lo digital. Disfruté mucho de los pocos carretes que puede comprar, y me apenó profundamente que Polaroid decidiese no fabricar más película.

Del mismo modo, me alegró sobremanera que la gente de The Impossible Project se animase a revivir la película Polaroid. Desgraciadamente ese retorno ha sido agridulce: los amigos que lo han probado me confirman que la nueva mezcla produce unas instantáneas que están muy lejos -en calidad y nitidez- de las originales. Además, el precio de los cartuchos es mucho más alto que  el de los tradicionales, y aquellos no eran precisamente baratos.

Entiendo que Polaroid dejase de fabricar película, lo digital había exterminado la química a finales de la década pasada. Sin embargo, cualquiera que siga el mundo de la fotografía se habrá dado cuenta de que la baja fidelidad ha regresado: los filtros de Instagram dominan las fotos digitales, Lomography saca una cámara tras otra y Fujifilm, que reemplazó a Polaroid como el fabricante de referencia en película instantánea, acaba de anunciar modelos nuevos de su serie Instax.

feetMientras, Polaroid nos sorprendía la semana pasada anunciando tres modelos de cámaras digitales, una de ellas de objetivos intercambiables -en realidad Polaroid sólo presta la marca, ya que el fabricante es Sakar. Las críticas han sido devastadoras, y no parece que Polaroid se vaya a convertir a estas alturas en un contendiente firme en la carrera de las cámaras CSC. Más bien me recuerda al caso de Commodore, que pasó de dominar el mercado de ordenadores de 8 y 16 bits en los ochenta a ser poco más que una etiqueta en toda clase de productos de dudosa calidad.

Y, sin embargo, creo que Polaroid -o quien quiera que sean ahora sus dueños– ha perdido la oportunidad de volver a ser alguien en el mundo de la fotografía de la segunda década del siglo; habría bastado con haber aprendido de Lomography y haberse lanzado descaradamente a competir con ellos: distintos tipos de películas, nuevas y excitantes cámaras, hype por doquier… nada que no haya  sabido hacer la marca americana durante décadas. Zapatero, a tus zapatos.


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