No hace falta ser creyente para coger la cámara, lanzarse a la calle y disfrutar de algunos de los días más enriquecedores del año, fotográficamente hablando. Un monopie mejor que un trípode, un tele y un rango medio -o tal vez la reflex con el tele y una buena compacta- y, sobre todo, mucha paciencia para encontrar un buen lugar y soportar el embate de las multitudes. Y a disfrutar.

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