København

Dado que la sede central de mi empresa se encuentra en Copenhague, he tenido la oportunidad de viajar varias veces a esta ciudad desde que lo hicera por primera vez en noviembre pasado. Con anterioridad sólo había estado una vez en Copenhague y, dado que llegamos a la ciudad con la idea de tomar un crucero, en aquella ocasión lo único que pude ver fue la celebérrima Sirenita y poco más. Por ello, todos estos viajes eran ocasiones excelentes para recorrer la ciudad a fondo ¿verdad? Pues no.

IMG_9026El problema de los viajes de trabajo es que vas… a trabajar. Siempre que he viajado a Copenhague ha sido durante el invierno, por lo cual la ventana de horas de luz era realmente estrecha. Además, aunque los viajes hayan sido durante la tarde anterior, siempre he tenido una cena de empresa -en los países del norte la cena es, como muy tarde, a las siete- y la mañana siguiente la he empleado siempre en, obviamente, ir a la oficina hasta la hora de tomar el avión de vuelta. De hecho ni siquiera me he llevado cámara en ninguno de los viajes que he realizado. Hasta este último.

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¿Qué ha cambiado en esta ocasión? Para empezar, la hora. El cambio horario de finales de marzo, añadido a la extensión de las horas de luz según se acerca el verano -y este hecho se nota mucho en los países del norte- hizo que por primera vez pudiera llegar de día a Copenhague. Además, en esta ocasión no tenía cena de trabajo, por lo que gozaba de libertad para salir a hacer unas cuantas fotos antes de que anocheciese. Por ello, empaqué la Olympus E-PL1 -mi cámara de referencia cuando no quiero llevar mucho peso- dispuesto a tomar unas cuantas fotos del centro de la ciudad.

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En cualquier caso estamos en abril, no en julio: apenas llevaba un rato tomando fotos cuando la luz empezó a desaparecer hasta convertir mi deseo en una tarea imposible; que la Oly no sea precisamente una maravilla en condiciones de baja luminosidad tampoco ayudó. Aún así, me quedaba un as en la manga.

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En estas latitudes y fechas no sólo empieza a anochecer más tarde, sino que amanece más pronto. Si me levantaba a las seis de la mañana, me daría tiempo a ducharme, hacer fotos y volver al hotel a desayunar antes de que empezase el curso al que iba a asistir. Como me conozco, puse una alarma a las seis de la mañana y otra a las siete y media, la hora original a la que levantarme.

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Cuando la alarma sonó a las seis de la mañana, mi primer acto fue apagarla y darme la vuelta para seguir durmiendo; sin embargo, en seguida pensé “ya estoy despierto, hay que aprovechar“, así que seguí con el plan establecido y pude tomar unas cuantas imágenes del centro mientras la ciudad despertaba.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAAsí, por fin tuve la oportunidad de dedicar un poco más de tiempo a fotografíar Copenhague, arañando horas al sueño y la cena. Esa misma tarde, en el aeropuerto de Copenhague, acabé traicionando mi promesa de no invertir más dinero en la Oly y me compré un objetivo pancake Lumix que planeo usar en cuanto tenga la oportunidad de volver a Dinamarca y del que ya hablaré en su momento. Pero eso queda para una próxima entrada en el blog…

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