Cambio de paradigma: Olympus OM-D E-M5

Hace un mes la Olympus OM-D E-M5 sustituyó a la Canon 7D como mi cámara principal. Después de este periodo de prueba, creo que es el momento de hablar de ella. Esto no va a ser una crítica técnica, no tendría sentido hacerla para una cámara que lleva más de un año a la venta y de la cual se ha hablado hasta la extenuación en blogs y revistas. Esta es mi visión personal como usuario amateur.

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Supongo que la primera pregunta que debería responder es ¿por qué cambiar de cámara? La Canon 7D es una reflex fantástica y  la acompañaban unos cuantos objetivos -como el Tamron 17-50 f/2.8 o el Canon 85mm f/1.8– que, si bien no pertenecían al tope de gama, sí que eran imbatibles en cuanto a relación calidad/precio. Sin embargo, ya llevaba un tiempo pensando en cambiar mi equipo por una razón en particular: el volumen. Tengo tres hijos pequeños, vivo en un país distinto al mío de origen y viajo con cierta frecuencia, generalmente en viajes de corta duración que no requieren más que equipaje de mano. Una cámara reflex con dos objetivos exige un bolso de tamaño medio, lo que es muchas veces incompatible con viajes familiares -imaginad lo que es volar con una familia de cinco miembros, tres de los cuales sólo pueden encargarse de equipaje de una manera muy limitada- o los viajes de corta duración en los que es  muy conveniente viajar ligero. El punto de inflexión llegó a la hora de organizar las vacaciones de este año, dado que empecé a plantearme seriamente el no llevarme la 7D, y ahí llego la pregunta: ¿para qué quiero una cámara si no la voy a usar?

Así pues, decidí vender mi equipo reflex y reemplazarlo por algo más ligero y pequeño. Mi preocupación era, por supuesto, encontrar un equipo que ofreciese calidad y flexibilidad similares a las de mi equipo Canon; no quería ganar en disponibilidad si era a costa de tener un equipo ostensiblemente peor. El sistema micro cuatro tercios partía con ventaja debido a mi experiencia con la E-PL1 y a que ya disponía de objetivos del sistema y adaptados. De todos modos también estuve valorando otros sistema sin espejo con el NEX de Sony e incluso cámaras con objetivo fijo como la serie X100 de Fuji; sin embargo, sentía que un objetivo fijo me limitaba demasiado. Al final, me decidí por la Olympus OM-D E-M5 por tres razones: sus excelentes críticas, la presencia de visor electrónico integrado y que tanto la cámara como el objetivo del kit sean sellados -y eso es muy importante en un país en el que llueve 220 días al año.

Una de las reglas que me impuse fue no gastar más dinero del que ingresase por la venta de mi equipo réflex; quería evitar el Síndrome de Adquisición de Equipo y, además, los años con la Canon me dieron una idea bastante clara de qué tipo de objetivos necesitaba. Así pues, mi equipo actual se compone de la Oly, dos zooms -el Zukio 12-50 y el Zukio 40-150– y tres objetivos fijos -el Panasonic 14mm f/2.5, el Panasonic Leica 25mm f/1.4 y el Olympus 45mm f/1.8. Echo un falta un ultra angular, pero tampoco en exceso.

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¿Qué es lo primero que llama la atención de la E-M5? Obviamente su aspecto clásico; acostumbrado a las líneas de la 7D y demás réflex, la Oly es una cámara muy bonita. Quien vea los nuevos modelos de cámaras no réflex habrá podido apreciar que hay, en cierta manera, un regreso a las líneas de hace décadas, y la E-M5 es un buen ejemplo. Lo siguiente que se aprecia es su tamaño: la Oly es muy pequeña comparada con un cuerpo reflex, incluso con aquellos más pequeños como los de la Canon 1100D; de hecho, creo que es más pequeña que las cámaras de la serie G de Canon o las equivalentes de Nikon. Eso sí, que nadie se llame a engaño, ésta no es una cámara compacta, no es una bolsillera; con un pancake como el 14mm f/2.5 aún tiene un tamaño moderado pero, en cuanto se añade un zoom normal o incluso un fijo como el Panaleica, el tamaño es apreciable. Aún así, sigue siendo mucho más pequeña y ligera que una réflex con una focal equivalente; de hecho, tengo una mochila Crumpler en la que antes sólo podía llevar la 7D y un objetivo montado, mientras que ahora me cabe la Oly, los dos zooms, un pancake y el flash. Realmente es un cambio.

Respecto al manejo, lo que más llama la atención es la capacidad de ser configurada a gusto del usuario: tiene tres botones y un dial a los que se puede asignar funciones determinadas, aunque es cierto que no todos pueden acceder a las mismas opciones. Yo tengo los botones asignados al bloqueo de la exposición, el valor ISO y la medición del balance de blancos, mientras que el dial está configurado para compensar la exposición. El 12-50 lleva un botón extra que también puede ser configurado; en mi cámara está asignado al cambio entre  zona de enfoque determinada y semiautomática. Por cierto, la Oly tiene 35 zonas de enfoque, una más de las ventajas de esta cámara. Como punto negativo, el dial secundario está situado en una zona que no me resulta nada cómoda -la parte superior de la cámara, cerca del botón de disparo- puesto que en varias ocasiones tengo que apartar el ojo del visor para poder encontrar la rueda; me gustaba mucho más la disposición del dial en la 7D, situado en la parte trasera de la cámara en una zona fácilmente accesible con el dedo pulgar

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La cámara tiene un visor electrónico y una pantalla táctil. La pantalla tiene muy buena calidad, pero su funcionamiento es curioso: aunque, como he mencionado, es táctil, no todas las funciones se pueden manejar a través de ella. Esto es algo bastante extraño, y creo que  Olympus debería aprender de los fabricantes de smartphones y permitir interactuar con todas las opciones que se presentan en pantalla, o bien sustituirla por una no táctil; la sensación es de un quiero y no puedo algo decepcionante. El visor, por su parte, representa lo mejor y lo peor de las cámaras sin espejo: es electrónico, por lo que no estamos en realidad viendo la imagen directamente -y la diferencia se nota. Por otro lado, nos permite hacernos una idea mucho mejor de cómo va a ser la fotografía final que los visores ópticos, y además permite cosas tan interesantes como ver una imagen de larga exposición mientras se está generando. Yo tomo fotos a través del visor en la mayoría de ocasiones, aunque la pantalla es útil en algunos momentos, debido a que es abatible -sólo en un eje.

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Pero vamos a la pregunta fundamental: ¿echo de menos mi réflex? La respuesta corta es no. Como toda cámara, tiene su periodo de adaptación, pero en este momento siento que estoy tomando las mismas fotos que podría tomar con la 7D. La Oly tiene dos ventajas fundamentales: su rango dinámico y control de ruido a ISOs altos son realmente impresionantes, y el sistema de estabilización en el cuerpo, unido a su poco peso, hacen que pueda tomar fotos a velocidades mucho más bajas que con la Canon. Otra ventaja -aunque no está directamente relacionada con la cámara- es que los años que he pasado con mis réflex me han permitido saber qué lentes necesitaba para tomar las fotos que me gustan, fundamentalmente paisajes y retratos “casuales”, con lo que he podido invertir en calidad en lugar de en cantidad. El único punto donde he notado una diferencia negativa ha sido a la hora de tomar fotos de objetivos en movimiento; ahí, el sistema de enfoque y el visor óptico de las réflex son imbatibles; de todos modos es una disciplina que raramente practico, así que no ha causado ningún impacto en mis fotos, pero aquellos que estén acostumbrados a este tipo de fotografía deberían tenerlo en cuenta.

Si debo terminar la entrada con un pensamiento, es éste: probablemente nunca vuelva a comprarme una cámara réflex. Después de un mes usando la E-M5, considero que la tecnología de cámaras sin espejo está lo suficientemente madura, al menos para el mercado de aficionados, aquellos que hacemos fotografía por afición. Las cámaras sin espejo ya no son el futuro. Son el presente.


8 thoughts on “Cambio de paradigma: Olympus OM-D E-M5

  1. Interesante punto de vista, uno se cansa un poco de tanta “review” técnica, que también son útiles por supuesto, pero son todas iguales y no aportan esas cosas que los aficionados buscamos cuando queremos comprar algo, sensaciones, opiniones prácticas, etc.
    Tengo que decir que llevo un tiempo dándole vueltas a esto también, en mis últimas escapadas llevo solo la réflex con un todo-terreno y sin grip, y también una compacta (LX5), cada vez me da más pereza cargar por bultos.
    De todas formas, reconozco que por mucho que me guste mi compacta, y otras que he probado, las réflex me gustan mucho, me encanta tenerla en la mano y hacer fotos con ella.
    En cuanto al “bulto”, hombre el peso se nota, pero si al final tienes que llevar una bolsa con varios objetivos, etc. ¿tan grande es el cambio? Pasas de una bolsa (mochila, bandolera, lo que sea) mediana-grande a una mediana-pequeña, al final terminas “cargando” igualmente por una ¿no?

    Tendré que seguir dándole vueltas al asunto, en mi caso busco algo pequeño y de calidad (compacta o no), con un zoom del estilo al 24-105mm me conformaba, para viajar no me hace falta más, generalmente. Pero no me he pasado a una compacta de alta gama porque echaría de menos el desenfoque…

    Un saludo!

    1. El cambio es muy grande, te lo aseguro. Ahora mismo estoy viajando con el 12-50, el 40-150 y el 14 pancake, además de un polarizador y una batería extra, y lo llevo en la misma bolsa en que antes sólo me cabía la 7D con el 17-50. Eso sí, hay que tener claro que una micro 4/3 nunca va a reemplaza a una compacta en tamaño; son, simplemente, bastante más grandes, igual que lo son las Canon Gxx o sus equivalentes de Nikon. Sospecho que es imposible balancear calidad y portabilidad.

      Mi recomendación personal es comprar una micro 4/3 como reemplazo o alternativa a una réflex. Si lo que se quiere es mantener la réflex y tener una cámara más pequeña que rinda bien, yo me iría a las “compactas con esteroides” como las Fujifilm X20 y similares.

      Si te decides a hacer algún cambio, pasa por aquí y cuéntanoslo 🙂

  2. Ineresantes reflexiones. Yo la tengo desde hace 15 días y coincido en casi todo, aunque yo no puedo compararla con una reflex porque vengo de una E-P3, que es de un tamaño muy similar. A mi me parece que es un paso adelante muy importante en las m4/3 y que las marcas se deberían plantear que este tipo de mejoras en las cámaras son las que merecen la pena y no esas tonterias que a veces cambian cuando lanzan una nueva cámara bombo y platillo.
    Durante muchos años llevé colgada mi reflex analógica con tres objetivos, que agotaron mi vocación de porteador, así que cuando llegué a las digitales siempre he tenido claro que lo mio no iba por otra reflex. Tal es así que compagino la OM-D con una Canon S95, gran bolsillera de verdad. Gracias por compartir tus impresiones !! Saludos.

  3. Has dejado la réflex pero sigues cargado de objetivos.

    Yo me cambié a la Fuji X100s. Como el objetivo es fijo, te olvidas de «necesito comprarme un XXmm». Y como es de focal fija siempre sabes qué entra o no en la foto.

    Y feliz después de nueve meses

    1. Sí, mi cambio de paradigma no ha sido copernicano, la verdad. La serie X100 de Fuji me atrae bastante -de hecho tengo una X10 para llevarla a diario- pero sé que no me acostumbraría a usar una cámara de lente fija sin zoom. Además yo no suelo hacer fotografía de calle, que es la que más se adapta a ese tipo de cámaras, así que echaría mucho de menos tener la focal adecuada. Y a veces, simplemente, no puedes dar un paso atrás para encuadrar 🙂

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