En papel, por favor

La era digital ha provocado dos cosas: que cada uno de nosotros tome -y conserve- una cantidad de fotografías que habría sido impensable para el aficionado medio en la era química, y que la mayoría de ellas acaben archivadas para siempre en un disco duro, más o menos entre todas esas películas acabadas en _DVDRip que nunca vamos a ver y los discos a 128 kbps que nunca escucharemos. Es el Diógenes digital. Pero las fotografías tienen una característica que las diferencia: están íntimamente relacionadas con nosotros, nos recuerdan lo que hemos sido y las experiencias que hemos vivido. Y además existen para ser vistas.

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Tengo la sensación -probablemente idealizada por el tiempo- de que, cuando era pequeño, veíamos las fotos que tomaba mi padre con mucha más frecuencia de lo que lo hacemos ahora. Me vienen a la memoria sesiones de domingo por la tarde en las que el proyector de diapositivas nos llevaba por Italia, por Londres, por esos lugares que mis padres visitaron cuando viajar no era ni remotamente tan común como lo es ahora. Y recuerdo las fotos, cajones llenos de imágenes que nos hacían viajar en el tiempo y el espacio. No, ver las fotos en un ordenador o en la televisión no es lo mismo. Y ver ciento cincuenta fotos que podrían ser la misma, aún menos.

Pero lo que la tecnología quita, la tecnología da. Hoy en día es muy fácil y barato imprimir las fotografías en cualquier servicio online y, aún mejor, crear álbumes con ellas. Eso es lo que yo hago, imprimiendo mis propios libros de fotos con las mejores de cada año o con motivo de ocasiones especiales. ¿Es caro? No en particular, si uno está atento a ofertas de los distintos servicios de impresión. Yo he llegado a solicitar libros hasta con un setenta por ciento de descuento sobre su precio original; no creo que haya pagado más de quince o veinte euros por la mayoría de mis libros.

Y el efecto es magnífico, el papel dota a las fotos de un aspecto con el que el LCD no puede competir. Las personas a la que presto los álbumes disfrutan al pasar las páginas, su respuesta no tiene nada que ver con la que tendrían ante un eventual pase de diapósitivas en el televisor o en un monitor, su interés y atención se disparan; es una reacción que disfruto muchísimo.

Las fotos, mejor en papel.


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