Desde hace aproximadamente un año dispongo de dos cámaras digitales que uso con regularidad, una Olympus OM-D E-M5 y una Fujifilm X100S. Cuando adquirí la Fuji -en realidad fue un regalo de cumpleaños- lo hice movido, debo confesarlo, por el deseo de poseer una cámara que me había fascinado desde que la primera versión salió en 2011; no la necesitaba porque la Oly cubría todas mis necesidades de fotógrafo aficionado y sentía que estaba comprando una segunda cuchara para tomar el mismo plato de sopa.

Un año después no me planteo en absoluto vender ninguna de las dos y estoy usando ambas con regularidad. La Fuji ha acabado siendo la cámara que llevo en mi mochila cada día mientras que la Oly ha quedado para citas más serias: vacaciones en lugares que no he visitado antes, workshops, proyectos bajo condiciones climatológicas más exigentes…

Sin embargo, no es sólo la situación la que marca la diferencia entre una cámara y otra. Cuando Apple decidió que no actualizaría el software de revelado Aperture -que ha sido mi herramienta principal en los últimos años- decidí no procesar las fotos tomadas con la Oly con ningún software similar como Lightroom sin antes dar una oportunidad al software de revelado RAW nativo. Unas cuantas pruebas me convencieron de lo que debería haber sido evidente: la aplicación de Olympus es mucho menos intuitiva pero produce unas imágenes de calidad visiblemente superior a las de los reveladores no propietarios, tanto que las imágenes requieren mucho menos trabajo para producir buenos resultados. Llevo usando el revelador de Olympus desde el verano y es muy poco probable que vuelva a usar uno no propietario. Además he aprovechado el vasto mercado de conversores de bayoneta entre formatos antiguos y micro cuatro tercios para usar diferentes lentes manuales con la Oly; en el momento en que escribo esto, la cámara tiene acoplado un Soligor 28mm f/2.8 con montura Pentax que pienso probar durante los próximos días.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA
Olympus E-M5 y SMC Pentax-M 50mm f/1.7

Con respecto a la Fuji, quise ir un paso más allá. Fujifilm es famosa por el excelente motor JPEG incluido en sus cámaras por lo que decidí, después de diez años de usar RAW, volver a utilizar JPEG. Además compré una tarjeta EYE-FI para transmitir las imágenes al iPad por lo que ahora mi flujo de trabajo con la Fuji no pasa en absoluto por el ordenador. Tomé la decisión porque me pareció una forma divertida de usar la cámara de una manera completamente distinta a la que estoy acostumbrado y de poner más énfasis en los parámetros de la toma sabiendo que ahora no tengo la rede de seguridad que supone un archivo RAW. Los resultados son bastante satisfactorios y no creo que vuelva a disparar en RAW con la Fuji en mucho tiempo.

Imagen JPEG directa desde Fujifilm X100S

Cuando compré la Fuji, mi mayor temor era que una de las dos cámaras acabase quedando relegada al cajón hasta que decidiese venderla. Sin embargo he acabado usando las dos con regularidad y me han permitido salir de mi zona de seguridad  -JPEG, objetivos manuales- y disfrutar aún más si cabe de la fotografía.