Lo he intentado. Lo he intentado tres veces, para que no me quedasen dudas. Pero Instagram me ha vencido siempre y sé perfectamente por qué.

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La primera vez sucedió en la infancia de la red social. Yo acababa de adquirir mi primer smartphone e Instagram era una de esas redes sociales que nadie sabia muy bien cómo usar. Yo, que estaba mucho más interesado en el aspecto fotográfico que en el social, tenía a Hisptamatic como mi aplicación favorita. Una de las opciones para compartir era a través de Instagram y ésa fue la forma en que empecé a poblar mi muro, de forma indirecta y sin interacción con otros usuarios. En algún momento dejé de utilizar Hipstamatic y mi cuenta de Instagram cayó en el abandono, de forma que acabé borrándola. 1-0.

Eventualmente Instagram explotó y mi interés por la fotografía móvil volvió… por un tiempo. Abrí una cuenta nueva y, esta vez sí, empecé a trabajar su parte social. Sin embargo, el compromiso tampoco duró demasiado tiempo ya que, en el momento en que empecé a usar de forma habitual compactas como la Fujifilm X10, volví a dejar la fotografía móvil de lado. 2-0.

Día 87

Hace unos meses, siguiendo la sugerencia de una amiga, intenté insuflar nueva vida a mi cuenta. En esta ocasión decidí probar una nueva aproximación: no sólo subiría las fotos de móvil sino las tomadas con cualquiera de mis cámaras. Además volví a dedicar tiempo a la parte social, comentando y usando hashtags para dar más visibilidad a las fotos. En el momento en que escribo estas líneas sigo subiendo mis fotos pero he cesado casi toda interacción y de hecho pueden pasar días sin que abra la aplicación. 3-0.

¿Por qué? Instagram es probablemente la plataforma relacionada con la fotografía más popular y activa del mundo y grandes fotógrafos publican sus trabajos en ella; hay literalmente millones de grandísimas imágenes. ¿Qué es lo que hace que me haya rendido no una, ni dos, sino tres veces?

Una razón puede ser que no suelo usar el móvil para hacer fotografía. Esto hace que la mayoría de mis fotos provengan de las cámaras y se suban a mi cuenta de Instagram directamente desde LightRoom con lo cual la interacción con la aplicación en sí es mucho menor que si la usase para subir las fotos. Pero creo que hay dos factores mucho más importantes que influyen en mi falta de compromiso con la plataforma.

El primero es la forma en que se visualizan las fotos. No voy a decir que soy un obseso de la nitidez y el detalle pero considero que son dos de los parámetros que definen una foto bien hecha. Cuidar todos esos detalles para acabar compartiendo con el mundo entero una imagen en una pantalla de cuatro o cinco pulgadas me parece, sencillamente una aberración. No creo que deba extenderme mucho más en este punto.

El otro es que, simplemente, detesto la parte social de de la plataforma. Ya me molestaban ciertos aspectos de Flickr que en Instagram encuentro multiplicados por cien: sígueme y te sigo, comentarios de copia y pega… Instagram es una red social basada en imágenes, no una plataforma para fotógrafos y por lo tanto la promoción y la cultura del like no sólo son necesarios sino mucho más importante que la calidad de la foto en sí; es algo licito y no creo que nadie se sorprenda a estas alturas de como funciona. Pero no es algo en lo que yo quiera perder mi tiempo.

No voy a borrar mi cuenta de Instagram, al fin y al cabo no me cuesta dinero ni esfuerzo tal y como me tomo mi relación con ella y además puede ser un punto de entrada -marginal, lo asumo- a los medios en los que sí me gusta compartir mis fotos. Pero no confiéis en verme dando vueltas por allí

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