Hace poco me sucedió algo interesante en relación a una de mis fotos en Instagram. Había subido la imagen correspondiente al décimo reto de #UseThisPhotoBook, una imagen que no tiene especial interés si no se muestra asociada al contexto del proyecto. La imagen tuvo unos cuantos me gusta y dos comentarios que creo que definen muy bien el tema que quiero tratar:

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¿Es mi foto muy buena o mala? La mitad -viva la estadística- de los que opinaron considera que no sólo es una imagen más que digna sino que merece al menos un par de aplausos (o quizás dos personas aplaudiendo) mientras que el otro 50% piensa que esa foto no sólo es un gasto inútil de tiempo y espacio en lo servidores de IG sino que su mera contemplación provoca sudores (fríos, supongo). Esta dicotomía me ha hecho recordar  aquellas ocasiones en que alguien sube a un foro de aficionados una imagen no muy conocida correspondiente a uno de los genios de la fotografía y espera pacientemente mientras el resto de foreros la destripa: no está nítida, no se han aprovechado los tercios, está subexpuesta.. y todo ello me hace formularme la misma pregunta del poeta romano Juvenal que se repite una y otra vez en Watchmen: ¿quién vigila a los vigilantes?

Toda foto es susceptible de ser criticada desde el mismo momento en que es compartida en cualquier medio -red social, foro de fotografía- que permita reaccionar al contenido publicado. En algunas ocasiones es el autor el que solicita la crítica, en la mayoría se trata de un acuerdo no verbal creado al compartir la imagen. El problema que yo he tenido siempre es el que sufre internet en general: es una gigantesca plaza de mercado en la que todos llevamos una venda en los ojos. O dicho de una forma más clara: ¿cómo sé yo que la persona que está criticando mi foto tiene  las herramientas necesarias -conocimiento, experiencia- como para que su crítica deba ser relevante?

Alguien me podrá responder que es algo tan fácil como acudir a uno de esos foros serios de fotografía en los que te van a criticar de una manera objetiva y mostrarte tus errores y aciertos. Permitidme que sea escéptico; cada vez que he pensado en unirme a uno de esos foros me he molestado en leer muchos de sus hilos de crítica y el resultado no ha podido ser más decepcionante: explicaciones tan detalladas como “esto es una mierda” o “preciosa”, por no mencionar el claro favoritismo hacia los administradores y veteranos del foro. No, no creo que esos foros sean la panacea de la crítica y nada en ellos me ha animado a ser parte de ellos.

El otro extremo del espectro son las redes sociales: millones de “me gusta”, gente que usa plantillas para responder -verídico- o que lo mismo llama genial a una foto de Steve McCurry que a la del plato de macarrones que ha subido tu primo. No sólo cualquier pretension de crítica constructiva es fútil sino que el fotógrafo que está empezando corre el peligro de ser seducido por esta avalancha de comentarios positivos y pensar que su fotografía es mucho mejor de lo que en realidad es. A todos nos ha pasado y, me temo, nos sigue pasando en cierto modo.

¿Qué hacer, entonces? En mi opinión, el primer -y tal vez único- crítico debe ser uno mismo. Sólo yo sé por qué he hecho esa foto, si tiene sentido por sí misma o como parte de una serie y si de verdad me siento orgulloso de ella: ¿esas luces están reventadas porque no he sabido medir la luz o porque he querido crear ese efecto? ¿me he equivocado al hacer ese desenfoque extremo o tengo una razón para ello? El único que sabe las respuestas a esas preguntas o similares es el propio autor y por ello, en cierto modo, es el único que tiene en sus manos todas las herramientas que mencionaba antes. Valórate antes de que te valoren otros.

Por supuesto comprendo que nadie es un experto en fotografía desde el primer minuto y la mayoría no lo seremos jamás. En muchas ocasiones querremos saber la opinión de otros para entender por qué esa foto no funciona, qué deberíamos cambiar la próxima vez. Pero del mismo modo que no preguntamos a la primera persona que nos cruzamos por la calle por qué nos duele un pie sino que vamos al médico, deberíamos ser conscientes de a quién pedimos una opinión; casi todos conocemos a un fotógrafo -no un experto en cámaras, no una estrella de Instagram, un fotógrafo con mayúsculas- que nos puede ayudar. Y si no, tal vez sea el momento de usar las redes sociales del modo correcto y contactar con esa persona que consideramos que nos puede ayudar; lo peor que puede pasar es que no conteste a nuestro correo y al menos lo habremos intentado.

No voy a negarlo, seguiré subiendo mis fotos a las redes sociales y seguiré leyendo comentarios -e incluso criticando a otros porque no tengo vergüenza. Pero sí tengo muy claro que cada vez que reciba una crítica, positiva o negativa, me la seguiré tomando con cierta dosis de escepticismo. Y recomiendo a todos los que reciban las mías que procedan de la misma manera. Al fin y al cabo, mis fotos son 50% buenas, 50% malas.