Todos los que nos aficionamos a la fotografía acabamos aceptando como verdades una serie de tópicos. Uno de ellos es aquel que dice que a mayor tamaño de sensor, mayor calidad. Por eso, aunque siempre sentí curiosidad por la serie de cámaras RX100 de Sony con su sensor de una pulgada, nunca me decidí a comprar una. A pesar de la unanimidad sobre su calidad en los artículos de las webs especializadas, la combinación de un sensor pequeño y un precio bastante alto -las cinco versiones de la cámara siguen a la venta con precios que van de algo menos de 400 a más de 1000 euros- siempre me echó para atrás. Hace unas semanas, sin embargo, la oportunidad se presentó en forma de una RX100 Mark I – la primera versión- que vendía un comercio a precio reducido al tratarse de una devolución.

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Compré la cámara y me la llevé en mi viaje relámpago a España. Desde ese momento y hasta ahora es la única cámara que he usado y los resultados han superado con mucho mis expectativas. No exagero si digo que es casi como llevar una reflex de entrada en el bolsillo del pantalón; la calidad de las imágenes está, en mi opinión, al nivel de las que obtenía con la Canon 7D con el Tamron 17-50 o la Olympus E-M5 con el 12-50. Es cierto que presenta cierto nivel de ruido pero es algo leve que también pude observar en algunas fotos con la Oly. El rango dinámico de los archivos RAW me parece magnífico y la nitidez está al nivel de algunos de los mejores objetivos que he tenido.

Otro punto que me sorprendió fue su facilidad de manejo. Mi problema con las cámaras compactas es que variar algunos de los parámetros más comunes (compensación de la exposición, modo de medida, ISO) suele tomar bastantes pulsaciones lo que las convierte en operaciones nada ágiles. La RX100, a pesar de tener pocos botones, me ha permitido configurar los parámetros que varío para que ninguno de ellos me tome más de dos pulsaciones; el manejo de la Sony supera con mucho al de casi cualquier otra compacta que haya tenido.

¿Puntos negativos? También los tiene. La apertura de la lente es f/1.8-4.9, el auto ISO podría ser mejor y, sobre todo, no tiene visor. Sony ha mejorado todos estos puntos en las  siguientes versiones y es cierto que las Mark III a V tienen un aspecto impresionante. Sin embargo, para aquel que quiera tener una compacta verdaderamente bolsillera con una calidad sorprendente sin tener que vender un riñón, la Mark I sigue a la venta y es una opción muy a tener en cuenta. Llevar casi una reflex en el bolsillo del vaquero es algo que no habría podido imaginar hace diez años. El futuro era esto, supongo.

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