Por tierras asturianas

Como cada dos años, he querido pasar mis vacaciones de verano recorriendo una zona de España. En este caso me decidí por Asturias después de la buena experiencia en la vecina Cantabria y debo decir que el viaje ha superado mis expectativas.

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Ha sido un viaje extenuante en el que algunos días he conducido más de trescientos kilómetros pero estaba decidido a no perderme ninguno de esos lugares que había visto en blogs e Instagram durante los últimos seis meses. Por supuesto dependía de la climatología y aunque me he quedado con ganas de ver las zonas de montaña debido a la nubosidad -subí a los lagos de Covadonga y la niebla no dejaba ver a más de tres metros de distancia- he podido visitar la mayoría de los lugares que me propuse.

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Para el viaje me llevé la Sony A7 con dos objetivos: el Tamron 28-75 f/2.8 que había comprado una semana antes del viaje y mi ya fiel Tokina 17mm f/3.5. Puede no parecer mucho equipo pero hay que recordar que durante un par de años he viajado exclusivamente con cámaras de focal fija con lo que echarme a la espalda una mochila con una cámara full frame, dos objetivos y un trípode ha sido un regreso a mis orígenes; sinceramente pensé que nunca iba a volver a usar este tipo de equipo y, sin embargo, me he sentido muy cómodo con él. Eso sí, para visitar Gijón, Avilés y Oviedo dejé la A7 en el hotel y usé la muy cómoda y discreta Sony RX100.

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Como podréis imaginar por el equipo usado, ha sido un viaje de fotografía tranquila: pasear, ver la escena, montar el trípode y disparar largas exposiciones. Como no tenía filtro de densidad neutra para ninguno de los dos objetivos, usé exclusivamente la aplicación Reflejo Suave de la A7, que me permitía hacer fotografía de larga exposición incluso a la luz del día; el resultado ha sido en general bastante satisfactorio.

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Volviendo la vista atrás compruebo que la mayoría de mis fotos han sido costeras, en lugares tan conocidos y fotogénicos como los Bufones de Pría o la Playa del Silencio, dos lugares bellísimos; de hecho en la Playa del Silencio estuve dos veces en el mismo día a pesar de que se encontraba a más de cien kilómetros de mi hotel. Había estado durante el día y quería volver para el anochecer por lo que regresé al hotel para descansar y a media tarde cogí de nuevo el coche para realizar las fotos vespertinas. Esta es una de las ventajas de viajar solo, puedo hacer este tipo de locuras sin que me cueste la amistad o el divorcio.

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No todo fueron playas: visité lugares emblemáticos como Covadonga

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…o pueblos con encanto como Llastres y Cudillero.

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Por supuesto, pude disfrutar de la gastronomía asturiana, de los impresionantes museos (imperdible el de arqueología de Oviedo) y de muchas más cosas que Asturias ofrece. Sin duda ha quedado entre mis zonas favoritas de España y, como residente en Noruega, no creo que la costa asturiana tenga nada que envidiar a la de mi tierra de acogida.

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Por último, mi recorrido por el oeste de Asturias me llevó hasta la comunidad vecina y a una famosa playa. Pero de eso hablaré en otra entrada.


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