En el momento de escribir esta entrada mi Sony A7, el Tamron 28-75 y el Sony 16-35 f/4 que han conformado mi equipo en los últimos meses se encuentran ya con sus nuevos dueños. ¿Qué ha pasado? Lo que me temía que iba a suceder: me acostumbré a la A7 pero nunca me enamoré. No me malinterpretéis, me parece una cámara muy competente -incluso la primera versión, que era la que yo tenía- que ha supuesto la puerta de entrada en el full frame para mucha gente, entre ellos yo. Pero con el tiempo no me he podido librar de dos problemas fundamentales.


El primero es que, seis años después de abandonar las cámaras réflex para no ir cargado como un mulo, me encontré con que volvía a llevar una mochila a la espalda para acarrear el equipo. Ya en febrero me llevé a mi viaje a Róterdam la Fuji X30, “para probar” me dije a mí mismo, pero lo cierto es que no me apetecía nada estar pateando la ciudad con la A7 y el Tamron. Y un par de semanas después hice el “click” definitivo; una tarde de domingo tenia intención salir a hacer unas fotos y me sorprendí a mí mismo pensando “que pereza tener que coger todo el equipo”. Exactamente la misma sensación que hace seis años. Nunca sentí eso durante los dos años en que hice fotos exclusivamente con la Leica X2 y la Fujifilm X100T; recorrer las provincias de Barcelona y Girona o caminar por París y Praga fue un placer porque me sentía libre y además apenas recuerdo ocasiones en que echase de menos tener un zoom. Parece que soy hombre de focal fija.

El segundo problema es que la Sony A7 siempre me pareció una máquina de hacer fotos más que una cámara, probablemente algunos sabéis a lo que me refiero. Sé que se puede discutir sin fin acerca de si el aspecto externo de las cámaras es importante o no; yo soy del primer grupo. Probablemente es algo muy parecido al postureo pero igual que otra gente disfruta de un descapotable aunque una berlina sea mejor objetivamente, a mí llevar en la mano una X100 o una Leica X me provoca muchas más ganas de salir a hacer fotos que el rango dinámico que tengan una A7 o una Nikon Z; qué se le va a hacer.

¿Y ahora, qué? Pues en realidad la respuesta está un par de párrafos por encima de éste: vuelvo a focal fija y a las Fujifilm X100 que nunca debí abandonar. He vendido no sólo la A7, sino también la Nex 5n infrarroja y mis Nikon de película en lo que se puede catalogar de una verdadera limpieza de primavera fotográfica y he comprado una Fujifilm X100F en versión marrón que espero me dure muchos años -sí, sé que he dicho esto muchas más veces de las que lo he cumplido.

¿Y qué ha pasado con las cámaras de película? Eso es tema para otra entrada…